Vista panorámica de Baden-Baden

¿Qué hacer en Baden-Baden? Seis imprescindibles para una visita de un día

Antigua capital del Magraviato de Baden, balneario termal desde tiempos de los romanos y completamente rodeada de bosques, la ciudad de Baden-Baden (56 000 habitantes) es una parada fija en un viaje por la Selva Negra. Aquí proponemos algunas visitas y actividades para sacarle el máximo partido a una jornada en esta encantadora población, Patrimonio de la Humanidad.

Baden-Baden se encuentra en el norte de la Selva Negra, entre el valle del Rin y los bosques del parque nacional. Dista de Friburgo unos 100 kilómetros, los mismos que de Stuttgart, mientras que Estrasburgo, en Alsacia, se encuentra a unos 60 kilómetros de distancia. Las comunicaciones son buenas en todos los casos, y es posible acceder tanto por carretera como en tren (60 a 90 minutos desde las ciudades indicadas).

Si bien es ideal como base de operaciones para descubrir el extremo septentrional de la Selva Negra, no todo el mundo dispone de tiempo sificiente en su viaje para pernoctar en la ciudad y visitarla tranquilamente, por lo que proponemos un itinerario de un día para aprovechar al máximo la escapada.

1. Aterrizaje suave: un paseo por la zona peatonal para empezar

Si optamos por viajar en tren, lo primero es tener en cuenta que la estación de trenes se sitúa a las afueras, a unos 5 km del centro. Se necesita por tanto tomar un autobús (hay múltiples opciones) para llegar al casco histórico.

A la llegada, proponemos dar un primer paseo de reconocimiento por la zona peatonal. La Langestrasse y la Gernsbacher Strasse son especialmente comerciales, así como la Sophienstrasse, un paseo con elegantes tiendas y algunos de los hoteles clásicos.

Ideal sería completar el recorrido subiendo por la Schloßstrasse, donde destacan edificios señoriales que recuerdan el esplendor de la ciudad en otra época, así como la Stiftskirche, iglesia católica de origen medieval que combina varios estilos y está dedicada a la Virgen, San Pedro y San Pablo.

2. ¿Apetece un baño?

Una docena de manantiales que brotan desde una profundidad de 2000 metros a una temperatura de entre 56 y 68 grados, virtiendo hasta 800 000 litros de agua termal al día. Esto es lo que ofrecen los baños de Baden-Baden, que no es poca cosa.

Bajo nuestro punto de vista, pasar por la ciudad y no probar sus aguas termales nos parece una lástima, especialmente dadas las facilidades. Las termas más populares son las Caracalla, un complejo moderno que incluye piscinas a diferentes temperaturas, spa, saunas… a un precio relativamente accesible (20€ por un par de horas). Si no se lleva ropa de baño no hay problema, hay una tienda con ropa y accesorios de baño a la entrada.

Otra propuesta más arriesgada son las vecinas termas Friedrichsbad, ubicadas en un precioso edificio del siglo XIX. No son aptas para todos los públicos, ya que no permiten bañarse con ropa. No obstante, los más atrevidos lo tienen más fácil en caso de olvidarse el bañador, pues no les hará falta.

Ambas instalaciones están en el mismo centro histórico, en el llamado distrito termal.

3. El casino: abran juego

Ciudad dedicada al relax y la buena vida, estar en Baden-Baden también demanda acercarse al Casino. En nuestro caso, más que proponer una visita para apostar, lo que nos parece interesante es realizar una visita turística, pues se ubica en el Kurhaus, un elegante edificio neoclásico. 

Incluso es posible visitar el casino por dentro sin necesidad de jugarse el dinero, ya que por las mañanas ofrecen visitas guiadas (a las 13 horas, en inglés; resto de visitas en alemán). Para esto quitzás habría que invertir el orden de nuestro programa.

Si lo que apetece es jugarse la pasta, hay que esperar a la apertura formal del casino, a las 17 horas.

4. Lichtentaler Alle, todo al verde

Probablemente después de una pausa para el almuerzo y sin alejarse (todo está muy cerca en esta pequeña ciudad), recomendamos sin duda un paseo por la Lichtentaler Alle. Esta avenida de 2,3 km junto al río Oos es más bien un jardín botánico en el que, entre otros, encontramos tilos, hayas, arces y coníferas de todo el mundo, casi siempre centenarios. 

Al otro lado del río nos acompañan elegantes edificios del siglo XIX, muchos de ellos hoteles clásicos como el Europäischer Hof. Lujo de otros tiempos.

Por cierto, ya fuera de la Lichtentaler Alle, conviene acabar (o empezar) el recorrido en el Trinkhalle, un edificio neoclásico desde donde brota el agua termal. Con 90 metros de longitud y dieciséis columnas corintias, este pabellón expone catorce pinturas murales dedicadas a lugares y leyendas de la Selva Negra. 

5. Disfrutar del arte y la arquitectura en el Museo Burda

Inaugurado en 2004, este inconfundible museo lleva el sello del arquitecto Richard Meier (MACBA, Barcelona) y acoge la colección de obras del filántropo y editor Frieder Burda. El edificio es precioso y la colección muy interesante, así como las exposiciones temporales que acostumbra a acoger la casa.

6. Altes Schloss

Es posible que no nos alcance el tiempo, y no es una recomendación para todos los públicos, pero la guinda del pastel sería subir a visitar las ruinas del antiguo castillo de Hohenbaden. No tanto por las ruinas en sí, sino por las vistas y la posibilidad de dar un paseo por el bosque que envuelve la ciudad. 

Desde el centro histórico son 2,5 km y una hora de subida, a lo que caben sumar otros 45 minutos de bajada.

Los más sedentarios pueden cambiar este último plan por ir a tomar un café y un pedazo de tarta, por ejemplo en el muy tradicional Cafe König.

Con esto, o bien agotados o bien saciados, damos por finalizada nuestra jornada en Baden-Baden. Otro día nos dedicaremos a los alrededores.

Más información:

Web oficial de turismo de Baden-Baden


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